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No considero que el ascenso de la mujer sea una mala señal. Más bien creo que su subordinación tradicional era en sí misma una condición artificial e indeseable basada en influencias orientales. Nuestros viriles antepasados teutones no creían que sus esposas fueran indignas de seguirles a la batalla, ni soñaban con valquirias aladas que les llevaran al Valhalla.