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O el Estado para siempre, aplastando la vida individual y local, apoderándose de todos los campos de la actividad humana, trayendo consigo sus guerras y sus luchas internas por el poder, sus revoluciones palaciegas que sólo reemplazan a un tirano por otro, e inevitablemente al final de este desarrollo está... ¡la muerte! O la destrucción de los Estados, y una nueva vida que comienza de nuevo en miles de centros sobre el principio de la iniciativa viva del individuo y de los grupos y el del libre acuerdo... ¡La elección está en tus manos!