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Para mí, la exploración fue una empresa personal. No fui al desierto de Arabia a recoger plantas ni a hacer un mapa; esas cosas eran secundarias. En el fondo sabía que escribir o incluso hablar de mis viajes era empañar la hazaña. Fui allí para encontrar la paz en la dureza del viaje por el desierto y la compañía de sus gentes. Me fijé un objetivo en estos viajes y, aunque el objetivo en sí no era importante, su consecución tenía que merecer todos los esfuerzos y sacrificios... No, lo que importa no es la meta, sino el camino, y cuanto más duro es el camino, más vale la pena el viaje.