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Nunca vi el amor como suerte, como ese regalo de los dioses que ponía todo lo demás en su sitio y te permitía triunfar. No, yo veía el amor como una recompensa. Uno sólo podía encontrarlo después de que su virtud, o su coraje, o su abnegación, o su generosidad, o su pérdida, hubieran logrado agitar el poder de la creación.