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  • Sin embargo, aunque un hombre reciba muchas heridas en el pecho, no muere, a menos que coincida el tiempo señalado, El límite de la duración de su vida; Ni el hombre que junto al hogar en casa Se queda quieto, escapa a la condena que el Destino decreta.

    Aeschylus (1868). “The Tragedies of Aeschylos: The Persians. The seven who fought against Thebes. Prometheus bound. The suppliants. Fragments. Appendix of rhymed choruses”, p.235