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  • Yo, un peregrino de la eternidad, estoy ante Ti, oh eterno. No permitas que intente acallar o destruir el deseo de Ti que perturba mi corazón. Permíteme más bien ceder a su apremio e ir adonde me lleve. Hazme sabio para ver todas las cosas hoy bajo la forma de la eternidad, y hazme valiente para afrontar todos los cambios en mi vida que tal visión pueda implicar: por la gracia de Cristo mi Salvador. Amén

    John Baillie (1952). “A diary of private prayer”, Scribner