Autores:
  • Lo sorprendente es que, a lo largo de las Escrituras y de la historia, parece que Dios ha elegido a las personas más improbables y menos cualificadas para cumplir su plan y su propósito en la tierra. La mayoría de las veces, la respuesta de esas personas ha sido insistir en su propia indignidad. Y si no lo hacen, la gente que les rodea puede hacerlo en voz alta y estridente. Y ahí radica un peligro: si permitimos que otras personas nos digan para qué estamos o no capacitados, limitaremos lo que Dios quiere hacer con nosotros.