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Y en las dunas yacen agazapados mil cañones, invisibles, junto a la riada, como tigres agazapados en alguna jungla de Oriente, que esperan y vigilan la sangre. Mientras tanto, por las calles que aún resuenan con el comercio, caminan hombres graves y reflexivos, cuyas manos empuñarán un día la espada del patriota con la misma ligereza que la pluma.