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  • No soy el único que condena a los ociosos; pues una vez, cuando iba a dar a nuestro ministro una lista bastante larga de los pecados de uno de los nuestros por los que preguntaba, empecé diciendo: "Es terriblemente perezoso". "Ya basta", dijo el anciano caballero; "toda clase de pecados están en ése.

    Charles Spurgeon (2012). “John Ploughman's Talks”, p.5, Whitaker House