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Un alma tan lastimosamente desamparada, si es que tales almas habitan en esta tierra, puede sazonar la apatía con el desprecio, puede convertir la indiferencia en orgullo; y aún así no ser intachable en comparación con aquel que se arrastra, autodescartado de todo lo que se encuentra dentro del alcance de la santa fe y la esperanza cristiana; o, náufrago, enciende en la costa falsos fuegos, para que otros puedan perderse.