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Porque en un gobierno de leyes y no de hombres, ningún hombre, por prominente o poderoso que sea, y ninguna turba por revoltosa o bulliciosa que sea, tiene derecho a desafiar a un tribunal de justicia. Si este país llegara alguna vez al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres, por la fuerza o la amenaza de la fuerza, pudiera desafiar durante mucho tiempo los mandatos de nuestro tribunal y nuestra Constitución, entonces ninguna ley estaría libre de duda, ningún juez estaría seguro de su mandato y ningún ciudadano estaría a salvo de sus vecinos.