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No te avergüences de ser pobre ni de pedir limosna. Recibe lo que se te da con humildad, y acepta la negativa con mansedumbre. Recuerda con frecuencia el viaje de Nuestra Señora a Egipto con su Santo Niño, y toda la pobreza, el desprecio y el sufrimiento que padecieron. Si sigues su ejemplo, serás rico en medio de tu pobreza.