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Nuestra evaluación del valor socioeconómico es en gran medida una farsa. Los científicos no deberíamos prestarnos a ella, aunque lo hacemos habitualmente. Deberíamos, en cambio, insistir en aplicar el criterio de la calidad.
Nuestra evaluación del valor socioeconómico es en gran medida una farsa. Los científicos no deberíamos prestarnos a ella, aunque lo hacemos habitualmente. Deberíamos, en cambio, insistir en aplicar el criterio de la calidad.