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El espacio puro, existencial, me guiñaba regularmente un ojo, cada vez de forma más impresionante, y esta sensación de libertad total me atraía tan poderosamente que pinté algunas superficies monocromas sólo para "ver", para "ver" con mis propios ojos lo que la sensibilidad existencial me concedía: ¡la libertad absoluta!