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Contar tus propios secretos es generalmente una locura, pero esa locura no tiene culpa; comunicar aquellos que se nos han confiado es siempre una traición, y la traición en su mayor parte combinada con la locura.
Contar tus propios secretos es generalmente una locura, pero esa locura no tiene culpa; comunicar aquellos que se nos han confiado es siempre una traición, y la traición en su mayor parte combinada con la locura.