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Cada acción humana gana en honor, en gracia, en toda magnificencia verdadera, por su consideración a las cosas que están por venir. Es la visión lejana, la paciencia tranquila y confiada, lo que, por encima de todos los demás atributos, separa al hombre del hombre, y lo acerca a su Hacedor; y no hay acción ni arte, cuya majestuosidad no podamos medir por esta prueba.