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Incluso cuando la lectura es imposible, la presencia de libros adquiridos (por apasionada devoción a ellos) produce tal éxtasis que la compra de más libros de los que uno puede leer es nada menos que el alma alcanzando el infinito... apreciamos los libros aunque no los leamos, su mera presencia exuda consuelo, su fácil acceso, tranquilidad.