-
La práctica profunda se basa en una paradoja: luchar de ciertas maneras específicas -operando al límite de tu capacidad, donde cometes errores- te hace más inteligente. O dicho de otro modo, las experiencias en las que te ves obligado a reducir la velocidad, cometer errores y corregirlos -como harías si estuvieras subiendo una colina cubierta de hielo, resbalando y tropezando a medida que avanzas- acaban haciéndote más rápido y elegante sin que te des cuenta.