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  • Podríamos hacer bien en quedarnos en casa unos días y pasear por los campos, o ponernos al abrigo de la puerta del granero y reflexionar sobre las implacables y a la vez benévolas fuerzas de la Madre Naturaleza. Las leyes de la naturaleza son implacables. Nunca pueden desobedecerse sin que se les imponga un castigo. Sin embargo, son benévolas, porque cuando se entienden y se obedecen, la naturaleza produce la abundancia que bendice a los que entienden y obedecen.