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Hoy en día se dedica un enorme esfuerzo a convencer al público estadounidense de que sólo somos consumidores de la manipulación de los medios de comunicación, de frases hechas y de asesores. Que sólo nos preocupamos de nosotros mismos, del dinero y de las cosas. Que actuar por pasión y convicción no marca la diferencia. Pero la historia demuestra que sí.