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  • Podemos pensar en la Cuaresma como un tiempo para erradicar el mal o para cultivar la virtud, un tiempo para arrancar malas hierbas o para plantar buenas semillas. Está claro qué es mejor, porque el ideal cristiano es siempre positivo y no negativo. Una persona es grande no por la ferocidad de su odio al mal, sino por la intensidad de su amor a Dios. El ascetismo y la mortificación no son los fines de la vida cristiana; son sólo los medios. El fin es la caridad. La penitencia no hace más que abrir una brecha en nuestro yo por la que se derrama la Luz de Dios. Mientras nos desinflamos, Dios nos llena. Y la llegada de Dios es el acontecimiento importante.