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  • Si... Adán hubiera confiado en Dios y se hubiera alimentado del árbol de la vida (Gn. 2, 9)... no habría dejado de lado la inmortalidad que le había sido concedida. Pues tal inmortalidad se conserva eternamente por la participación en la vida, ya que toda vida es genuina y se conserva por el alimento apropiado. El alimento de esa vida bienaventurada es 'el pan que bajó del cielo y da vida al mundo' (Jn. 6:33), tal como el propio Verbo inerrante declara de sí mismo en los Evangelios.