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Puede que aquel primer déficit gigantesco que acumularon los reaganistas fuera un accidente, una mera combinación de ilusos recortes fiscales por el lado de la oferta y una enorme bolsa de cosas buenas para el Pentágono. Pero muy pronto los conservadores descubrieron que los déficits, cuando se hacían correctamente, hacían algo realmente bueno: los déficits desfinanciaban a la izquierda.