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  • Pero la verdadera vida de un escritor reside en presentarse ante el teclado cada día, con la paciencia y la piedad necesarias, y tomar las mejores decisiones que pueda en nombre de su gente. Es un proceso lento. A menudo parece desesperanzador, más una aflicción que una forma de arte. En otras palabras, la mayoría de nosotros tendremos que encontrar a nuestros lectores uno a uno, y contra una resistencia considerable. Si hay algo que nos califica de heroicos es esa lucha privada perpetua. Deja la revista, soldado. Olvídate del otro. Recuerda quién eres.

    "The New Yorker’s One Over 40" by Steve Almond, therumpus.net. June 14, 2010.