-
Pero la verdadera vida de un escritor reside en presentarse ante el teclado cada día, con la paciencia y la piedad necesarias, y tomar las mejores decisiones que pueda en nombre de su gente. Es un proceso lento. A menudo parece desesperanzador, más una aflicción que una forma de arte. En otras palabras, la mayoría de nosotros tendremos que encontrar a nuestros lectores uno a uno, y contra una resistencia considerable. Si hay algo que nos califica de heroicos es esa lucha privada perpetua. Deja la revista, soldado. Olvídate del otro. Recuerda quién eres.