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Nuestra existencia como seres encarnados es puramente momentánea; ¿qué son cien años en la eternidad? Pero si rompemos las cadenas del egoísmo y nos fundimos en el océano de la humanidad, compartiremos su dignidad. Sentir que somos algo es establecer una barrera entre Dios y nosotros; dejar de sentir que somos algo, es llegar a ser uno con Dios.