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  • Sea cual sea la acción que estemos realizando, debemos asegurarnos de mantener vivo el pensamiento de Dios en nuestro interior. Siempre que nos sentemos o nos levantemos, debemos postrarnos en ese lugar. Es bueno cultivar el hábito de considerar nuestra pluma, libros, ropas, recipientes y las herramientas de nuestro trabajo como imbuidos de la presencia divina y utilizarlos con cuidado y respeto. Esto ayudará a mantener vivo el pensamiento de Dios en todo nuestro cuerpo, mente y atmósfera.