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Los hombres y las mujeres hacen su propia belleza o su propia fealdad. Sir Edward Bulwer Lytton habla en una de sus novelas de un hombre "que era más feo de lo que tenía que ser"; y, si pudiéramos leerlo, todo ser humano lleva su vida en la cara, y es guapo o lo contrario según esa vida haya sido buena o mala. En nuestros rasgos trabajan eternamente los finos cinceles del pensamiento y la emoción.