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Y quédate con el menor número posible de cosas, para no tener que temer por ellas. Entrégalas sin luchar, porque de lo contrario la humillación te envenenará el corazón. Te las quitarán en una pelea, y tratar de aferrarte a tu propiedad sólo te dejará la boca ensangrentada... Pero al poseer cosas y temer por su destino, ¿no estás perdiendo la rara oportunidad de observar y comprender?