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  • Las principales cualidades que le habían hecho merecedor de este respeto universal en el servicio eran, en primer lugar, una extrema indulgencia hacia la gente, basada en la conciencia de sus propios defectos; en segundo lugar, un perfecto liberalismo, no del tipo que leía en los periódicos, sino del tipo que llevaba en la sangre, que le hacía tratar a todas las personas, cualquiera que fuera su rango o condición, de manera perfectamente igual e idéntica; y, en tercer lugar -lo más importante-, una perfecta indiferencia hacia el asunto que le ocupaba, gracias a la cual nunca se dejaba llevar y nunca cometía errores.