-
Si nuestro culto se limita a grandes reuniones de jóvenes, bonitas canciones, muchos saltos y unos cuantos CD, entonces nos lo estamos perdiendo. Nuestra expresión vertical debe tener un efecto horizontal. Así pues, seguiremos adorando, alabando y honrando a Dios con corazón, alma, mente y fuerza lo mejor que sepamos, pero el fruto de ello debe ser una generación totalmente comprometida con alcanzar a los perdidos y ayudar a los que lo necesitan, local y globalmente.