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La televisión es quizás el mejor medio jamás descubierto para enseñar y educar e incluso para entretener. Pero la suciedad, la podredumbre, la violencia y la blasfemia que brotan de las pantallas de televisión en nuestros hogares es deplorable. Es un triste comentario sobre nuestra sociedad. El hecho de que un televisor esté encendido seis o siete horas cada día en la mayoría de los hogares de América dice algo de tremenda importancia.