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  • La necesidad de mentir siempre y de evitar siempre la verdad despojaba a todos de lo que Custine llamaba "los dos mayores dones de Dios: el alma y la palabra que la comunica". Las personas se volvieron hipócritas, astutas, desconfiadas, cínicas, silenciosas, crueles e indiferentes al destino de los demás como resultado de la destrucción de sus propias almas.