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  • Pensando que era egoísta detenerse en sus propios sufrimientos, cuando estaba en medio de desdichados que no sólo habían perdido todo lo que enaltece la vida, sino a sí mismos, su imaginación se ocupó con melancólica seriedad en trazar los laberintos de la miseria, a través de los cuales tantos desdichados debían haber pasado hasta este sombrío receptáculo de almas desunidas, hasta la gran fuente de la corrupción humana.

    Mary Wollstonecraft (2012). “Maria, or The Wrongs of Woman”, p.18, Courier Corporation