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Contemplar las profundidades del mar es, en la imaginación, como contemplar lo vasto desconocido, y desde su punto de vista más terrible. El abismo submarino es análogo al reino de la noche y de los sueños. Allí también está el sueño, la inconsciencia, o al menos la aparente inconsciencia, de la creación. Allí, en el horrible silencio y la oscuridad, las rudas primeras formas de vida, fantasmales, demoníacas, persiguen sus horribles instintos.