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Si el Gran Hermano (del 1984 de Orwell) viene a América, no será una figura temible y premonitoria con una mirada omnipresente y escalofriante como en 1984. Vendrá con una sonrisa en la cara, una ocurrencia en los labios, un saludo a la multitud y una prensa que (a) informa obedientemente de las medidas represivas que está tomando para salvar a la nación del caos interno y de la amenaza extranjera; y (b) se pregunta con cautela si será capaz de tener éxito.