-
Cuando nos aferramos con fuerza a la vara de hierro, estamos en condiciones de poner nuestras manos sobre las suyas y caminar juntos por el camino estrecho y angosto. Nuestro ejemplo se magnifica a sus ojos. Seguirán nuestra cadencia cuando se sientan seguros de nuestras acciones. No necesitamos ser perfectos, sólo honestos y sinceros. Los niños quieren sentirse uno con nosotros. Cuando un padre dice: "¡Podemos hacerlo! Podemos leer las Escrituras diariamente en familia", ¡los niños nos seguirán!