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Sus cuerpos resucitarán de entre los muertos como vasos para el alma, vasos de ira. El alma respirará el fuego del infierno, y el humo y el carbón parecerán colgar de sus labios ardientes, sí, la cara, los ojos y los oídos parecerán ser chimeneas y respiraderos para la llama y el humo de la quema, que Dios, por su aliento, ha encendido en ellos y sobre ellos, que se mantendrán uno en el otro, para el gran tormento y angustia de cada uno.