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Algunas personas que experimentan una conversión religiosa parecen sufrir un cambio de personalidad. Pueden ser bastante agradables y despreocupadas cuando hablan de cosas mundanas, pero cuando empiezan a hablar de su fe, su comportamiento cambia. Su tono de voz se modifica, su sonrisa se vuelve tensa y se ponen a la defensiva cuando se les pregunta por las pruebas de su fe. Resulta difícil mantener una conversación amistosa con ellos.