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Todo el mundo debe quedar asombrado cuando contempla por primera vez uno de estos vastos anillos de roca coralina, a menudo de muchas leguas de diámetro, aquí y allá coronados por una isla baja y verde con costas de un blanco deslumbrante, bañada en el exterior por las espumosas olas del océano, y en el interior rodeando una tranquila extensión de agua que, por reflejo, es de un color verde brillante pero pálido.