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Se puede graduar el progreso de un hombre en la religión por la cantidad de oración, no por el número de horas tal vez, sino por la ferviente súplica que eleva a Dios. No hay excepción a la regla. Muéstrenme un hombre que rece y su fuerza y su poder no podrán ser exagerados. Sólo dale a un hombre este poder de la oración y le darás casi omnipotencia.