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Para resolver un problema matrimonial, hay que hablarlo con el otro, eligiendo sabiamente el momento y el lugar. Pero cuando las acusaciones y los largos discursos de defensa llenan el diálogo, los cónyuges no están hablando el uno con el otro sino más allá del otro. Procura escuchar más de lo que hablas. Si siguen sin ponerse de acuerdo sobre una solución, piensen en pedir a un tercero, sin intereses creados, que medie.