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Ciertamente se ha de enseñar a los hombres que el favor de Dios se ofrece, sin excepción, a todos los que lo piden; pero como sólo empiezan a pedir aquellos a quienes el cielo por gracia inspira, ni siquiera esta ínfima porción de alabanza se le debe negar. Es privilegio de los elegidos ser regenerados por el Espíritu de Dios, y luego puestos bajo su guía y gobierno.