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  • Pues aunque el Verbo en su esencia inconmensurable se unió con la naturaleza del hombre en una sola persona, no imaginamos que estuviera confinado en ella. He aquí algo maravilloso: el Hijo de Dios descendió del cielo de tal manera que, sin abandonar el cielo, quiso nacer en el seno de la virgen, recorrer la tierra y ser colgado en la cruz; sin embargo, llenó continuamente el mundo como lo había hecho desde el principio.