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  • No orientarse en una ciudad puede ser poco interesante y banal. Requiere ignorancia, nada más. Pero perderse en una ciudad, como perderse en un bosque, requiere una educación muy distinta. Entonces, los letreros y los nombres de las calles, los transeúntes, los tejados, los quioscos o los bares deben hablar al caminante como una ramita que cruje bajo sus pies en el bosque.

    Walter Benjamin (1996). “Selected Writings: 1927-1934”, p.598, Harvard University Press