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Sin embargo, la comunidad es ante todo una cualidad del corazón. Nace del conocimiento espiritual de que no vivimos para nosotros mismos, sino para los demás.
La comunidad es fruto de nuestra capacidad de hacer que los intereses de los demás sean más importantes que los nuestros.
La pregunta, por tanto, no es: "¿Cómo podemos hacer comunidad?", sino: "¿Cómo podemos desarrollar y alimentar corazones generosos?".