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  • La esperanza que alimenta la búsqueda de un crecimiento económico sin fin -que miles de millones de consumidores de India y China disfruten algún día del estilo de vida de europeos y estadounidenses- es una fantasía tan absurda y peligrosa como cualquier otra ideada por Al Qaeda. Condena al medio ambiente mundial a una destrucción prematura y parece que creará reservas de rabia nihilista y decepción entre cientos de millones de desposeídos, el amargo resultado del triunfo universal de la modernidad occidental, que convierte la venganza de Oriente en algo oscuramente ambiguo y todas sus victorias en verdad pírricas.