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  • La experiencia que convierte la vida no es el descubrimiento de que tengo opciones que tomar que determinan la forma en que vivo mi existencia, sino la conciencia de que mi existencia misma no está en el centro. Una vez que "conozco" a Dios, es decir, una vez que experimento el amor de Dios como el amor en el que están ancladas todas mis experiencias humanas, sólo puedo desear una cosa: estar en ese amor.