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No debe haber división por odio de clase, ya sea este odio entre credos, entre nacionalidades, entre regiones o entre personas de una condición social o laboral y personas de otra condición social o laboral. Debemos juzgar siempre a cada individuo por su propia conducta y sus méritos, y no por su pertenencia a ninguna clase, ya sea que dicha clase se base en consideraciones teológicas, sociales o industriales.