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Los católicos romanos pronuncian sus edictos papales, los protestantes citan su Biblia, los fundamentalistas declaran sus dogmas teológicos ortodoxos, y se espera que todos renunciemos a la reflexión privada y aceptemos pacíficamente estos pronunciamientos. Y el resultado es que la dignidad de la persona se ve violada por esas formas de comunicación opresoras y asfixiantes de la inteligencia.