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Por lo tanto, os ruego que dejéis que el perro y las cebollas y esta gente de nombres extraños e impíos resuelvan sus diversas salvaciones de sus penosas y maravillosas dificultades sin mi ayuda, pues en verdad su problema es suficiente tal como es, mientras que si yo intentara ayudar no haría sino dañar su causa aún más y tal vez no viviría para ver la desolación forjada.